Qué son las grasas saturadas y por qué hay que huir de ellas

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las grasas saturadas negativas

Aunque te cueste creerlo, no toda la grasa es mala. La grasa tiene un rol muy importante a la hora de llevar una alimentación variada y equilibrada. Además, proporciona bastante energía. Ahora bien, hay que tener cuidado ya que existen diferentes tipos de grasa que pueden tener una mayor o menos presencia en nuestra alimentación. Hoy vamos a ver qué son las grasas saturadas y cómo afectan a nuestro organismo.

Qué son las grasas saturadas

Cuando hablamos de grasas, nos referimos a dos tipos: las “buenas” y las “malas”. La grasa mala saturada ha sido siempre asociada al colesterol LDL (lipoproteínas de baja densidad). Cuando decides dejar atrás un ritmo de vida negativo, comenzar a llevar un estilo de vida saludable y cuidar nuestro corazón, es el momento de dejar atrás las grasas malas y comenzar a confiar en las buenas. Las grasas buenas reciben el nombre de “insaturadas”.

Si se toman demasiadas grasas saturadas, estas pueden aumentar los niveles de colesterol en sangre. Este tipo de grasa se encuentra en la carne roja, los embutidos y los productos lácteos como mantequilla, nata, leche entera o queso curado.

Sin embargo, están presentes también en otros muchos tipos de alimentos que, por desgracia, son bastante comunes en los desayunos, meriendas, postres y picoteos españoles: la bollería y repostería. Estos alimentos ultraprocesados están elaborados con altas cantidades de azúcares, grasas saturadas poco recomendables y harinas refinadas. Lo malo de estos alimentos, si bien es cierto que están deliciosos, es que son nutricionalmente alimentos de mala calidad, lo cual provoca una sensación de saciedad corta y, al poco tiempo vuelve el apetito.

Precisamente, la bollería y la repostería tienen muchísimas calorías para lo poco nutritivos y saciantes que son. Estos productos tienen un contenido calórico que ronda los 400-500 kilocalorías por cada 100 gramos. Además, aporta un alto número de hidratos de carbono refinados, sobre todo en forma de azúcar, y tiene un alto contenido en grasas saturadas. Es más, puede ser el 35% del peso del producto.

Si bien es cierto que la bollería y la repostería son malas para la salud, si su consumo se produce de manera esporádica, ocasional y siempre que se siga una dieta equilibrada, no supone un problema. Sin embargo, es importante saber que en muchos casos deja de corresponderse con una ocasión especial y comenzamos a tomarlo como algo más habitual en la dieta.

Cómo reducir el consumo de grasas saturadas

  • Según la Organización Mundial de la Salud, el consumo diario de grasas saturadas debe ser inferior al 10% de la ingesta calórica diaria total. Por tanto, trata de amoldarte a ello.
  • Lee las etiquetas de los alimentos. Cuando realices la compra, mira la información nutricional. La mayoría de los productos llevan información sobre el valor energético, la grasa total, la saturada, los azúcares y la sal por porción. Piensa que hay veces que la información nutricional viene dada por cada 100 gramos y que pocas veces comemos 100 gramos de una comida. Así que calcula cuánta grasa estás comiendo.
  • Reemplaza los alimentos que consumes con grasas “malas” por aquellos que tienen más grasas “buenas”.
  • Elige las opciones desnatadas o ricas en grasas insaturadas. Ahora bien. Recuerda que debes mirar tanto las grasas saturadas como los azúcares. Si un producto tiene demasiado azúcar, estos azúcares se terminan convirtiendo en grasa. Por tanto, mira bien las etiquetas porque muchas veces te venden “bajo en azúcares” algo que no lo es. Bebe leche desnatada en lugar de entera. Desayuna pan tostado con aceite y tomate en vez de con mantequilla y mermelada. Cocina de manera inteligente. Haz las cosas a la plancha o al horno y deja los rebozados y los fritos.

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