El sexto sentido: la propiocepción

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Desde hace unos años cada vez se hace más habitual ver como en gimnasios, en la preparación física de equipos deportivos, ya sea en alto rendimiento o en la base, en colegios, etc. el trabajo de propiocepción es una parte más del acondicionamiento físico además de como medio para la prevención y la readaptación de lesiones. Dada la importancia y el interés despertado por el “sexto sentido” a continuación veremos una síntesis cómo funciona y como se ha incorporado al entrenamiento.

¿Qué es la propiocepción?

img_0234Lo primero que tenemos que saber de la propiocepción es qué es. Mountcastle y Willis definieron la propiocepción como la conciencia de la posición de las extremidades. Hoy en día se define como una variación especializada de la modalidad sensorial del tacto, que abarca las sensaciones del movimiento (cinestesia) y la posición de las articulaciones (sentido de la posición de las articulaciones). Así mismo, se diferencian dos tipos: la consciente y la inconsciente. La primera es esencial para un funcionamiento apropiado de las articulaciones en los deportes, las actividades cotidianas y las tareas laborales, mientras que la segunda modula la función muscular e inicia la estabilización refleja.

Sistema propioceptivo

El sistema propioceptivo está compuesto por una serie de receptores nerviosos que podemos encontrar en músculos, articulaciones y ligamentos. Dichos receptores son los encargados de detectar el grado de tensión y de estiramiento muscular para posteriormente enviar esta información a la médula y al cerebro. Es el cerebro el encargado de procesar esa información y regular los ajustes necesarios para la ejecución del movimiento o el mantenimiento de la posición.

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La propiocepción en el entrenamiento y en la prevención de lesiones

Existen multitud de técnicas que, con la ayuda y supervisión de un profesional, nos permiten trabajar el sistema propioceptivo de forma progresiva durante las diferentes fases de recuperación de una lesión, ejercicios sencillos que nos permiten la reeducación de la parte lesionada y la prevención de recaídas. Además, no podemos olvidar el beneficio que este tipo de entrenamiento para prevenir lesiones articulares o musculares.

La propiocepción no sólo ayuda a evitar lesiones, sino que la podemos utilizar para mejorar nuestro rendimiento fortaleciendo nuestra musculatura y optimizado nuestra técnica. La trabajaremos sobre plataformas inestables como fitball, tabla de Bohler, trampolín, bosu, etc. y regularemos la demanda de tensión muscular con instrumentos como mancuernas o bandas elásticas. Además, podemos limitar la información que nos llega a través de otros sentidos, como por ejemplo la vista. Todo ello obliga al cuerpo a reajustar y rectificar su posición automáticamente, mejorando el esquema corporal y la capacidad para adaptarse a diferentes situaciones.

Y tú, ¿trabajas la propiocepción en tus entrenamientos?

Referencia: Prentice W,E (2001). Técnicas de Rehabilitación en Medicina Deportiva. Barcelona:  Paidotribo.

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