Entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes. Parte I

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Al tratarse de mi primer post, no me gustaría comenzar la casa por el tejado y meterme directamente en rutinas y entrenamiento de un tipo u otro. Comencemos por la base, ¿se puede comenzar a entrenar fuerza desde edades tempranas?

Cabe decir que este es el primero de tres posts sobre entrenamiento en niños y adolescentes.

Entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes, ¿voy a dejar de crecer?

El entrenamiento de fuerza realizado en edades tempranas es uno de los temas más controvertidos y sometidos a debate dentro del apasionado mundo del deporte. En parte, dichas discordancias son basadas en mitos (es decir, un argumento carente de base científica alguna), los cuales algunos tuvimos muy presentes a la hora de comenzar con el entrenamiento: “si haces pesas no crecerás”, “el gimnasio es para musculitos”, “perjudicarás tu salud si entrenas”, “te vas a lesionar si levantas pesos”. Cabe decir que, actualmente sucede lo contrario, pero no anticipemos.

Bien, intentaré hacer este post lo más interactivo posible, echemos un vistazo al pasado y contrastemos con nuestro presente lo que la evidencia nos dice acerca del entrenamiento de fuerza y crecimiento en sujetos prepubescentes.

Lo primero de todo será establecer una definición básica del entrenamiento de fuerza, la cual podemos enunciar de manera sintética y breve como la capacidad muscular de realizar los distintos tipos de contracciones, es decir, concéntricas para vencer una resistencia, excéntricas para actuar en su contra, e isométricas para mantenerla, englobando todos los aspectos del entrenamiento.

Una vez sabida la definición del entrenamiento de fuerza, comencemos.

“Si entrenas no creces”, ¿esto es así?

En un pasado se creía que entrenar durante el crecimiento podía dañar la epífisis ósea, que es la parte más vulnerable del hueso a sufrir ciertas lesiones, dañando así el cartílago de crecimiento, aún inmaduro a estas edades, produciendo lo denominado fractura de la placa epifisaria, y frenando así el desarrollo y proliferación de este. Se creía también que grandes esfuerzos en periodos pubescentes o prepubescentes, están asociados a un aumento de poros óseos, lo que conlleva mayor riesgo de fractura (similar en cierto modo a lo que ocurre en una osteoporosis).

Pero volvamos al presente y veamos que sucede en realidad:

En primer lugar, se aumentó el número de publicaciones científicas acerca de este tema, en los cuales se analizaron las causas de las fracturas ocurridas en niños y adolescentes publicadas en estudios de poco valor científico en torno a los años 60, y se llegó a una conclusión muy importante: el entrenamiento sin supervisión alguna, mediante el levantamiento de pesos inadecuados, y el trabajo con una “maquinaria” inadecuada (pues la mayoría de máquinas que nos encontramos en un gimnasio están adaptadas a sujetos adultos), además de descuidada en algunos de los casos, eran los factores determinantes de las fracturas óseas, y no la vulnerabilidad ósea a estas edades.

De hecho, varios estudios examinaron qué ocurría a nivel fisiológico con estos huesos en desarrollo, y los resultaron fueron brillantes: siempre y cuando el trabajo sea realizado bajo unas condiciones de seguridad y una supervisión óptimo no solo no existe riesgo de fractura ósea, sino que el entrenamiento de fuerza actúa como coadyuvante en el crecimiento, mejorando factores importantes como la mineralización ósea, y pudiendo prevenir enfermedades futuras como puede ser la osteoporosis.

Cabe destacar que dentro de las modalidades del entrenamiento de fuerza, el pliométrico o de alto impacto es el que mayores beneficios lograba producir sobre la mineralización ósea. Y me diréis, y qué mas da la modalidad Omar… pues bien, esto tiene gran relevancia clínica, ya que como todos sabemos la natación se trata del deporte por excelencia a la hora de las recomendaciones por todos los médicos y fisioterapeutas a modo de rehabilitación y práctica deportiva. Y sí, se conocen sus beneficios, pero no es la panacea, no nos cerremos en un solo ámbito, y es que, como sabemos, la natación se clasifica dentro de los deportes de bajo impacto articular, con lo cual los beneficios sobre la mineralización ósea son prácticamente nulos, lo cual amigos aumenta el riesgo (que aumente el riesgo no implica padecerlo) a padecer osteoporosis.

En conclusión, y a modo breve, el entrenamiento de fuerza llevado a cabo bajo unas buenas condiciones de seguridad y supervisión, no solo no supone riesgo de detención del crecimiento por fractura ósea, sino que mejore el desarrollo proliferativo de estos, pudiendo prevenir enfermedades como la osteoporosis.

Omar Fernández

Graduado en Fisioterapia.
Máster en Fisiología deportiva.
Dispuesto a cambiar el mundo.

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